LOS PATOS 4X4
OS PATINHOS 2008
(Semana Santa de 2008)
Después de unos meses de inactividad Los Patos 4x4 decidimos hacer un viaje juntos durante la Semana Santa de 2008.
Hicimos este viaje:
- La familia Moretón con Pato Polar al frente: Dami, Mariam y Julia con sus dos niños: Mº del Mar y Nacho, el pato más pequeño del grupo, pero que rápidamente aprendió a decir “pishaaa” al más puro estilo gaditano.
- La familia García-Nacarino: Antonio “Patoazul”, Mar y las niñas: Inés y Elisa
- Enrique “Patotrasto” y Paloma.
- Juan “Patorojo” y Salud, que vinieron desde Cádiz.
Día 18 de marzo de 2008
Salimos de Madrid y de Cádiz después de comer y primera sorpresa: nos encontramos a la salida de Salamanca. Todo un prodigio de sincronización. Si lo intentamos a idea, no sale mejor.
Tras los abrazos y saludos buscamos un sitio para cenar en Carretera.
Llegamos sobre las 23 h a nuestro destino, el Hotel La Jara en Aldeadávila de la Ribera, donde tras insistir bastante conseguimos que nos abrieran la puerta y nos acomodaran. Ya no nos esperaban a esa hora.
El hotel estupendo, como todos los que hemos disfrutado en este viaje. Unas libaciones espirituosas y unos croissants de los de Enrique y a la cama
Día 19 de marzo de 2008.
Amanece un día precioso pero frío, bastante frío.
Después de desayunar nos encaminamos hacia el Duero, ya que vamos a hacer una excursión en barco por los Arribes del Duero.
Tras llegar al embarcadero esperamos un rato hasta que la tripulación nos indicó que podíamos subir. Una vez dentro y gracias a un grupo de escolares franceses tuvimos que esperar mas de 15 minutos a que estos se decidieran a entrar en la embarcación.
La excursión resultó muy ilustrativa e interesante gracias a la explicaciones de la guía. Menos mal que el barco estaba acristalado porque hacía un pelete de cuidado.
Tras el paseo en barco comimos en un merendero que encontramos junto al embarcadero.
Después del almuerzo nos dirigimos hacia un sitio para ver una cascada en el mismo río Duero, pero entre que no se podía llegar en coche, que era una cuesta muy pronunciada, que era después de comer y que se veía que la cascada tenía mas bien poco agua, decidimos continuar el viaje hacia la frontera de Portugal.
Camino de la frontera paramos en el pueblo de Vilvestre a tomar café y ver una estupendas vistas del Duero desde lo alto.
Por fin atravesamos la frontera y llegamos al complejo rural “Quinta das Aveleiras”, donde nos recibe una señora muy amable que nos acompaña a los alojamientos.
La finca es una explotación agraria de olivos, vid y avellanas cultivadas en bancales y las casa rurales son los antiguos alojamientos de las familias que vivían allí. Nos asignan dos: La casa Blanca y la Casa de la Sierra.
Las casas están decoradas con mucho gusto respetado su estructura. Los salones están bastante fríos porque durante el invierno pensamos que nadie las ha ocupado pero hay chimenea y leña en cantidad, así que nos ponemos manos a la obra de calentar la casa, cosa algo complicada por el aire que entra por la puerta y las ventanas.
Cenamos allí mismo y tras las oportunas libaciones nos vamos a la cama.
Día 20 de marzo de 2008.
El día empieza mal: Salud ha pasado una noche toledana. Una “enfermedad tropical” se ha adueñado de su barriga y no tiene fuerzas de hacer la ruta en 4x4. Así que al final solo van dos coches con Paloma y Enrique en un coche y Antonio y Dami en otro.
Mientras ellos hacen la ruta, los demás visitamos en el pueblo la Casa del Vino, donde nos explican interesantes cosas de la zona.
Crónica de Patotrasto de la ruta en 4x4
LOS VALLES DEL DOURO
El jueves 20/03 fue el día que reservamos dentro del programa de “Os Patinhos 2008” para realizar una ruta de 4x4 por tierras Portuguesas.
En esta ocasión elegimos la ruta nº 3 de la guía Toyota. Es una ruta de contrastes que nos lleva por la fértil vega del río Vilariça hacia la agreste sierra de Reboredo.
La ruta la realizamos:
Pato Azul con Antonio y Dami ( Nissan Pathfinder )
Pato Trasto con Enrique y Paloma ( Nissan Terrano II )
Patoyota no pudo realizarla por encontrarse Salud pachuchilla, con lo que decidieron quedarse Juan y Salud con Mar, Marian, Juli, y los niños en Torre Moncorvo, para recuperarse.
Nosotros por nuestra parte empezamos la aventura en el mismo pueblo de Torre de Moncorvo, que era uno de los puntos de paso y así ganar algunos kilómetros de asfalto al total de la ruta.
Tras unos primeros pasos de desorientación debido a las señalizaciones, pronto tomamos ya la pista buena y empezamos a subir en dirección a la sierra de Reboredo, atrás dejábamos las espectaculares vistas de Torre de Moncorvo. Seguimos por pistas hasta alcanzar los primeros vadeos que no resultaron ser tal, ya que aunque las zonas estaban bastantes verdes los ríos llevaban poco agua. Una vez pasado este tramo nos enfilamos por pistas hacia la agreste quebrada que pasamos con cierta facilidad, aunque muy pendiente de no rozar los coches con las zarzas que nos iban saliendo por las pistas. Por las emisoras comentábamos lo bello del paisaje y de lo mucho que estábamos disfrutando de la ruta, la cual ahora sí que transcurría por varios vadeos con un poco más de agua y por zonas de pobladas arboledas. Así, sin quererlo, nos habíamos plantado ya en algo más de la mitad de la ruta y, cosa extraña en nosotros, no nos habíamos acordado ni siquiera del famoso Rengue, y puesto que lo que había eran ganas de seguir navegando y disfrutando de esta maravillosa aventura, pues así lo hicimos, continuando nuestra marcha.
Sin darnos cuenta nos plantamos en Freixo de Espada a Cinta, lugar por donde habíamos cruzado desde España.
A partir de aquí fuimos por asfalto bastantes kilómetros circulando en paralelo por el río Duero y disfrutando de las maravillosas vistas que ofrecía, y acabamos atravesándolo en la localidad de Barca de Alva por un majestuoso puente que antiguamente era un transbordador que se utilizaba para vadear el río Duero.
Ahora sí ya nos estaban dando un toque de atención los estómagos y tras circular unos kilómetros por pista en una extensa zona de olivos que parecían el Huerto de Getsemani, buscamos una llanura en lo alto, para plantar la mesa y disfrutar de las viandas. Fue una comida relajada y llena de risas con la paz y tranquilidad de la zona.
Una vez repuestos los estómagos proseguimos ruta y cual sería nuestra sorpresa de que lo que parecía mas sencillo con la ruta llegando a su tramo final se convirtió en una ratonera, los caminos se hacían difíciles de ver y las distancias del rutometro no coincidían, con lo que tras unas cuantas vueltas de desorientación Dami y Antonio dieron con la pista buena que nos situaba otra vez en ruta, se nota que la experiencia es un grado.
Y así llegamos ya al final de la aventura que transcurría por zonas abiertas de grandes rocas y que nos recordaban a la ruta Piedras Berroqueñas que ya habíamos realizado en España. Pero aquí no acabarían las sorpresas ya que nos encontramos con un camino cortado por las zonas de pasto y tuvimos que retroceder sobre nuestros pasos y con la ayuda de una lugareña encontrar el único PINHO PEQUENHO que había por la zona y guiar nuestros coches a la pista buena para concluir con éxito la ruta en Figueira de Castelo Rodrigo.
Allí lo celebramos tomándonos un café en un bar de notada tradición Portuguesa, echando unas risas y haciendo el enlace por asfalto hasta Torre de Moncorvo donde nos estaban esperando Juan, Salud, Mar, Marian, Juli y las CRIANÇAS para seguir la fiesta en la casa rural donde nos alojábamos.
Por la noche cenamos en la Casa Blanca y mientras Salud y Juan se retiran temprano, los demás aprovechan para, como es habitual, hacer algunas libaciones espirituosas, que se prolongaron el algunos casos hasta altas horas de la madrugada.
Día 21 de marzo de 2008.
El día comienza mejor: Salud parece que se ha recuperado de su enfermedad. Tras desayunar nos encaminamos a visitar el Palacio Mateus, en el pueblo del mismo nombre, Mateus, que nos pilla de camino hacia Oporto.
Comimos a la puerta del Palacio en un bar algo churretoso, pero en el que nos pusieron un bacalao y una carne de fábula.
La visita a los jardines del palacio ayudó a bajar la comida y tras ella nos encaminamos hacia Oporto, nuestro destino de hoy.
Nos acomodamos en el hotel y decidimos visitar la famosa ribera. Para ello cogemos los coches y descubrimos que esto de los navegadores no es una ciencia exacta sino mas bien todo lo contrario: nos perdimos y acabamos en la ribera tras dar unas cuantas vueltas en balde y atravesarnos todo el centro de Oporto.
Visitamos la ribera a la que llegamos con el atardecer y cenamos una “francesinha” que nos recomendó salud como plato típico de esta ciudad, un sándwich de dos pisos con fiambre, carne y salchichas bañado en un caldo.
Día 22 de marzo de 2008.
Amanece lluvioso. Salud y Juan, que se han levantado temprano, se van al centro a conocer la ciudad pateándola, cosa que se hace algo incómoda por la lluvia intermitente que cae, y por los “peasos” de cuestas que tiene esta bella ciudad. Visitan un ultramarino de toda la vida “ La Oriental”, la Estación de San Benito, la Plaza de la Libertad, la Librería “Lello”, La Torre de los Clérigos etc..., y sobre las 11 h contactan con los demás que a la vista de que van con niños han decidido que lo mejor es visitar la ciudad en un autobús turístico. Así que nos encontramos en la ribera y desde allí hacemos una ruta en bus por todo Oporto.
Tras ello y para despedirnos de esta ciudad entramos en una taberna a degustar el famoso vino de Oporto.
La comida la hicimos en un parking que encontramos cuando salíamos de Oporto. Algo accidentada por la lluvia.
Llegamos a Aveiro, la “Venecia Portuguesa” por la tarde y después de acomodarnos en el hotel nos fuimos al centro ha hacer un paseo en barco por los canales que surcan esta ciudad. Frío para regalar, pero fue un paseo muy bonito.
Cenamos en un centro comercial y nos despedimos, ya que Salud y Juan
Regresan el domingo temprano a Cádiz
Día 23 de marzo de 2008.
Salud y Juan se levantan muy temprano y enfilan hacia Plasencia ya que se han enterado que los cerezos del Valle del Jerte han florecido y quieren ver uno de los espectáculos de la naturaleza que no puede uno perderse, sobre todo si pasas al lado.
Dicho y hecho: sobre las doce horas llegan allí y efectivamente toda la zona baja del valle está cubierta de un manto blanco: las flores de los cerezos. Del resto nada que reseñar: 400 kilómetros de autopista hasta Cádiz donde llegan sobre las cinco de la tarde, cansados pero satisfechos.
Los demás, después de desayunar, deciden ir a una de las playas de Aveiro, a unos 5 kms de la ciudad, y una vez allí volamos la cometa que traía Inés, de la familia Pato Azul. Desde luego no sabemos si esa cometa volverá a volar con el mismo viento que lo hizo esa soleada mañana, casi había que sujetar a los niños cuando cogían el hilo de la cometa, porque podían salir volando con ella.
El Atlántico era todo un espectáculo azul y blanco de espuma y el día totalmente claro, cosa que no es de extrañar porque el viento se había llevado todas las nubes. Las casitas de playa de esa zona, blancas, con rayas horizontales de colores, nos recuerdan a las típicas casetas de playa que había antiguamente.
Tras “huir” casi literalmente del viento en aquella inmensa playa de fina arena dorada, nos encaminamos de nuevo a la ciudad de Aveiro. Aquí compramos los OVOS MOLES, un dulce típico de la zona y nos disponemos a comer en los restaurantes próximos
Después de la comida decidimos irnos directamente a Ciudad Rodrigo, donde llegamos hacia las 17.00 horas. Descargamos las maletas y nos dirigimos al casco antiguo de la ciudad amurallada. Seguimos con el viento que nos ha acompañado durante todo el viaje y el paseo por la ciudad, casi llega a ser incómodo, pero el entorno lo arregla. Ciudad Medieval, con todos los encantos de este tipo de construcciones.
Cenamos en uno de los múltiples bares que salen a nuestro encuentro y nos dirigimos de nuevo al hotel.
La última noche fue muy agradable, con las risas típicas en una de las habitaciones, despidiéndonos hasta la próxima aventura que se organice.
Día 24 de marzo de 2008.
Pensamos que lo mejor para evitar atascos a la entrada de Madrid sería levantarnos, desayunar y emprender viaje, para llegar a casa a la hora de la comida, así lo hicimos y excepto un pequeño tapón hacia el km. 80, que no nos hizo perder demasiado tiempo, el resto del viaje se realizó sin problemas.
Nos quedan los buenos recuerdos de este viaje en el que tanto “las crianzas” como mayores hemos disfrutado y las ganas para realizar uno nuevo.
Una vez más despedimos esta crónica con un OBRIGADO a todos los Patos por su colaboración.
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Creado por Juan Campllonch