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RUTA DEL BARRACO

    El pasado 14 de febrero tuvimos la oportunidad de asistir a la ruta convocada por Natura a iniciativa de Fernando Ruiz

    Se iniciaba en el Barraco y a las 9,30 horas estábamos todos allí, Jasal y Adolfo en solitario, Fernando, Agustín, Carlos Mexcar, Enrique y Luis con sus respectivas esposas e hijos, Carlos Abajas con sus hijas, para estos últimos sería su bautizo en Natura y Gregorio con su copi, Alberto 

    Mientras tomábamos unos cafés se reparten los rutómetros y Fernando nos comenta un poco el recorrido que vamos a realizar ya que encontraremos algunos pasos estrechos y alguna fuerte subida, en fin, que la ruta promete 

    Nos ponemos en marcha en dos grupos con 30 minutos de diferencia. Vamos siguiendo el rutómetro. Los primeros puntos no están excesivamente claros pero sin grandes problemas. Pasamos por San Juan de la Nava y atravesamos Navalmoral, vadeamos un riachuelo y hacemos un rengue para recuperar fuerzas, pues más adelante nos esperan unos pasos bastantes complicados y es que realmente lo son. Se trata de un camino en subida entre rocas, con zanjas que hacen que los coches se bamboleen de un lado a otro, teniendo que extremar la precaución pues, una inclinación de la carrocería se puede saldar con un golpe contra las rocas de los lado, de hecho, los coches más anchos Toys y Monteros se llevaron alguna “caricia”.

    Poco a poco vamos ascendiendo por un camino que cada vez es menos visible, absolutamente invadido por la maleza, que a veces sobrepasa la altura de los capós, dando fe de que por allí hace mucho tiempo que no ha pasado nadie.

    Por fin y delante nuestro aparece “su majestad, la cuesta”, unos 100 metros de fuerte subida con toda clase de trampas, escalones, tierra suelta, zanjas, piedras, inclinaciones laterales, en fin, una delicia, parece que va a ser el plato fuerte de la jornada. El primero en atacarla es Fernando y aún no ha recorrido 20 metros y se queda cruzado en el primer escalón, no puede salir por sus medios por lo que tiramos de winch y todo resuelto. Lo intenta varias veces pero realmente hay un escalón insalvable. Lo rellenamos con piedras y tierra y tras un buen rato de trabajos forzados logramos reducir el primer escalón. Nuevamente, Fernando lo intenta, pero es que no puede ser, así que buscamos una piedra en lo alto de la cuesta que le sirva de ancla para poder subirse asimismo con el winch. Las piedras que encontramos se mueven peligrosamente cuando el winch empieza a tirar hasta que por fin encontramos una lo suficientemente “gorda” como para aguantar. Esta vez Fernando logra subir.

    Mientras tanto, ha llegado el segundo grupo que colaboran en el acondicionado de la cuesta. A base de pala y relleno de pedruscos y un par de planchas logramos disimular algunos de los escalones más comprometidos.

    Como es lógico, hay comentarios para todos los gustos. Decidimos comer ya que con el estómago lleno se piensa mejor, incluido un delicioso orujo de café que llevó Fernando.

    Terminamos el ágape y decido que me voy para arriba con mi winch para luego entre Fernando y yo mismo tirar de los demás.

    Me anclo a la robusta piedra, meto primera reductora y poco a poco voy ascendiendo, una vez superados los primeros 40 metros, el coche ya no necesita del winch y ya estoy arriba.

    Fernando y yo damos la vuelta en la estrecha trialera y encaramos los dos coches a la cuesta, con la intención de tirar con los dos winch a la vez para que no se sobrecalienten sus motores, pues tenemos que subir a otros siete compañeros. Pero las leyes de Murphy son inexorables y cuando estamos desenrollando el cable de Fernando, éste se parte por su fijación al tambor ¡genial! habrá que hacerlo con uno sólo, tampoco podemos usar la polea de reenvío porque necesitamos todo el cable del winch más cuatro eslingas de 10 metros. Enganchamos el primero, Carlos Abajas, en unos minutos está arriba. Estamos disponiendo el aparejo para el siguiente, cuando Enrique decide dejar el pabellón de los Mitchus bien alto y se sube la cuesta el solito sin ayuda, increíble, casi no se lo cree ni él. Carlos Mexcar acepta el reto, lo intenta y lo consigue, dejando claro que ambas marcas son muy similares en cuanto a prestaciones.

    El resto de los coches son remolcados por el winch, ya estamos todos arriba pero el trabajo no había terminado, Fernando al intentar dar la vuelta en la trialera se ha vuelto a quedar empanzado y no hay forma de sacarlo, otro trabajito para el winch, que en pocos minutos le deja libre.

    A estas alturas, son casi las 7 de la tarde, y comienza a anochecer y apenas hemos recorrido 40 km. de los 80 previstos, pero todos estamos con ganas de mas y se decide continuar. Llegamos a los asentamientos celtas, francamente bonitos, donde teóricamente debíamos haber comido y ya con los faros encendidos nos adentramos en una zona boscosa con pasos estrechísimos y barro, realmente precioso, además la noche siempre añade un punto extra a la aventura.

    Por fin llegamos a San Martín del Pimpollar, donde dimos la ruta por finalizada. Son más de las 9 de la noche y todos estamos más que satisfechos.

    Gracias Fernando por obsequiarnos con una ruta tan llena de alicientes, magníficas vistas, TT del bueno y camaradería a raudales y también a todos los asistentes por el nivel humano derrochado.

 

 

 

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