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MOTOS Y 4x4

         El fin de semana del 19 de octubre de 2002, Gregorio-Javi y Antonio-Dami, componentes de PATOS CLUB 4X4 asistimos a la ruta que organizaba Carlos y Angélica (MEXCAR 4x4), -acompañados de su hijo Brian y un amigo de éste- ambos clubs integrados en la Cofradía de Navegantes, a través de la cual se convocó esta cita. También asistieron como invitados el primo de Antonio, Ricardo, con su moto BMW y Fernando amigo de Javi.

    La Expedición contó con 3 vehículos 4x4 y 3 motos trail, por esta vez, Gregorio y Carlos cedieron sus coches a sus copilotos para disfrutar de la conducción off-road sobre las dos ruedas.

    La ruta se desarrolló por las inmediaciones de Cuenca “los dominios de Mexcar” y constaba de un primer tramo de navegación GPS pura, siguiendo el rumbo sobre el mapa de la pantalla de éste y un segundo recorrido de rutómetro convencional, dada la extensión de la travesía, Carlos lo preparó para que disfrutáramos todo el fin de semana buscándonos un alojamiento económico y acogedor.

    Madrugamos el sábado para dirigirnos al punto de encuentro, un pueblo llamado Fuentes, después del traspaso de waypoints del portátil al GPS. Comenzaba entonces la aventura sin saber lo que nos estaba esperando.

    El principio fue por caminos pedregosos que enseguida se convirtieron en pistas muy rápidas. Los 4x4 no podíamos seguir el ritmo de las motos que siempre iban en cabeza, todo estaba perfecto, todo el mundo gozando de la conducción, navegación, paisaje, compañeros, etc.

    Cuando llevábamos un buen rato ruteando, la moto de Ricardo se paró por primera vez, bueno segunda, ya que al llegar a Fuentes, desde Madrid, también se paró y hubo que arrancarla empujando.

    Gracias a lo bien equipado que va Mexcar, la moto la arrancamos con un acumulador (Power Jumbo). Pensando que sería algo puntual seguimos deleitándonos con el paisaje y con el buen tiempo que nos acompañaba.

    Llegamos a un enorme puente de piedra sobre el que pasaba la vía del tren. En un lateral tenía una fuerte y larga bajada, para después de una zona llana encontrarse con una aún más inclinada cresta, esta vez en subida. Carlos programó una alternativa por si el terreno mojado u otras circunstancias no permitieran atacarlas con garantías. Al pie de estas rampas decidimos que era la hora del aperitivo y nos tomamos un descanso acompañado de alguna bebida, picoteo y buena conversación con el buen humor que siempre nos acompaña en nuestras expediciones, mención especial para Angélica, única fémina del grupo y los peques, que en ningún momento se “arrugaron” ante nada

    A continuación y después de estudiar las rampas, Ricardo se lanza y baja la primera cómodamente, y se va a por la de subida, desde nuestra posición creíamos que era imposible, incluso para los coches, pues parecía estar el terreno demasiado suelto, sin embargo coronó con facilidad, no sin mérito y algo de técnica. Esto nos abrió el camino a los demás, que fuimos pasando uno a uno la primera emoción del día.

    Poco después vemos a Carlos parar con urgencia y bajarse los pantalones ¿Qué ocurre? No penséis mal, una abeja que se ve acorralada le clava su aguijón en un muslo, con el consiguiente dolor..... Por segunda vez, rápida intervención del equipo MEXCAR, que con su aparición y el botiquín ayuda a aliviar el malestar.

    Ricardo, que iba en cabeza, no se percató de esta incidencia, pero se volvió a quedar tirado con la moto. La conseguimos arrancar de nuevo a base de “Jumbo”, pero en el transcurso de la mañana, las paradas de su moto se sucedían con más asiduidad, hasta que se hizo inviable el seguir así, teníamos que parar cada 500 m, desmontar sillín y caja de herramientas para acceder a la batería y salir corriendo para aprovechar el máximo posible.

    Nos reunimos para buscar una solución y después de discutir los posibles motivos de la avería, creímos que sería la batería, por lo que decidimos ir a Cuenca, que no estaba lejos, para ver si encontrábamos algún sitio donde comprar una, algo complicado un sábado al mediodía. Paramos en una gasolinera en la entrada de la ciudad, un grupo nos fuimos a la búsqueda de la batería y con una suerte increíble el dueño de una tienda de motos pasó por la tienda de la gasolinera para sus gestiones particulares. Le abordamos y casualidades de la vida, no trabajaba el modelo de batería en cuestión, pero tenía una desde hace 2 años de un cliente que no fue a por ella.

    Volvimos con ella, y dada la hora, aproximadamente las 16.30 h, decidimos no retrasar más la comida y en un lado de la gasolinera pusimos una mesa con todas las viandas y comimos estilo buffet.

    Con los estómagos llenos y la moto de Ricardo preparada (al menos eso creímos), nos dirigimos a retomar la ruta, cosa que no tardamos mucho, esta vez, el recorrido era mucho más boscoso con caminos muy estrechos entre árboles y arbustos, numerosos y grandes charcos, algunos embarrados, ayudar a teñir los vehículos de “café con leche” y a hacernos gozar de la conducción en este medio.

    Cuando la tarde nos daba los últimos rayos de luz, la moto de Ricardo vuelve a fallar (hasta que descargó la batería nueva, por lo que llegamos a la conclusión de que fallaba el alternador), dado que ya casi era de noche volvimos a juntarnos para ver qué hacíamos. Carlos buscó refugio nocturno para la moto en unas casas abandonadas, siendo ésta la alternativa que elegimos: dejar allí la moto e irnos a cenar y a dormir y volver por la mañana temprano con las dos baterías cargadas, para sacar la “máquina herida” hasta el asfalto, donde Carlos (superequipado) traería un remolque para llevarla al taller.

    El tramo hasta la carretera se convirtió en ruta nocturna, por unos parajes muy interesantes, con pasos muy estrechos entre vegetación, divertido y técnico. Los coches iluminábamos el camino para que los compañeros de las 2 ruedas vieran las irregularidades del terreno. Después de unos cuantos kilómetros por asfalto llegamos al pueblo donde dormiríamos y cenamos una estupenda variedad de productos de la tierra, por supuesto, con los comentarios del día y sin perder el humor en ningún momento.

    La hora se nos echaba encima y acordamos cortar la tertulia pues nos esperaba un duro día y debíamos descansar

    A las 7.15 h. diana y desayuno, para volver a por la moto de Ricardo, con la batería que amablemente nos recargó el propietario del alojamiento. Para llegar con precisión al punto exacto del lugar donde dejamos la moto usamos el GPS y con la función “trackback” nos guió al milímetro.

    Conseguimos arrancar la moto y salimos a un ritmo frenético para evitar en lo posible que se parara antes de llegar al asfalto, esta vez el recorrido lo hicimos de día y pudimos admirar el espectáculo que el Otoño pone en escena.

    Por el camino contactamos con Carlos y familia, pues ya nos esperaban con el remolque preparado. Cuando llegamos vimos que no habían perdido el tiempo, habían llenado un cajón de níscalos, que repartieron entre todos.

    Dami y yo (Antonio) debíamos volver a Madrid, el resto siguió ruteando parte del Domingo para regresar por la tarde.

(A continuación será Gregorio el que relate el resto de la ruta):

Pues bien,  una vez cargada la moto de Ricardo en el remolque, nos dirigimos a la gasolinera de Carboneras y allí dejamos moto y remolque.


Ricardo se acomodó con Javi y Fernando en el Galloper para continuar la ruta. Los coches, rutómetro en mano, y las motos navegando con GPS.


Caminos pedregosos entre pinos, curvas enlazadas a derecha e izquierda cuando de repente lo que creo que es una piedra golpea mi pierna izquierda, una más del camino, pienso, pero cuando tras unos metros  de rodar echo un vistazo al GPS para orientarme éste ha desaparecido del soporte. Rápidamente me doy cuenta de que lo que suponía una piedra era en realidad el GPS en su loca caída hacia el suelo. Urge dar mediavuelta para evitar que los coches que vienen detrás le pasen por encima. Menos mal que Javi que venía detrás lo ha visto en el suelo y lo ha recogido sin un solo arañazo. ¡Qué alivio!


Seguimos camino  llegando al río Cabriel  y en una pradera, realmente bonita,  comemos y cambiamos impresiones,  no demasiadas,  pues el cielo empieza a ponerse negro poco a poco y decidimos  emprender la marcha  ya que  nos puede llover. Por unos caminos bastantes rotos y divertidos llegamos de nuevo a Carboneras y justo en ese momento cuando estamos  al resguardo del techo de la gasolinera se pone a llover. Así que bien protegidos montamos las tres motos en el remolque, tarea bastante complicada,  pues aunque el remolque es espacioso los dos
cilindros boxer  de la BMW abultan como dos motos, pero con paciencia todo queda arreglado y nos vamos para Madrid bajo el diluvio universal, después de haber disfrutado de casi dos días con un sol espléndido. ¿Se puede pedir más suerte?. Yo creo que no.


Agradecemos a la familia Mexcar, (Carlos, Angélica y Brian)  la organización de esta ruta y el haberla compartido con nosotros.

Yo (Antonio) muy contento con mis dos GPS (electrónico) y Dami (humano) que siguen sorprendiéndome con sus aptitudes para la navegación.


Antonio (pato azul) y Gregorio ( pato plata)

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