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RAMBLAS DE CORVERA

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     Un año más, Los Patos convocamos nuestra ruta veraniega por tierras murcianas. Este año y por sugerencia de nuestro buen amigo Teo, haremos las Ramblas de Corvera, nos ha contado que son muy divertidas y, por supuesto, confiamos en su criterio.

    Seremos cuatro coches, dos Jimnys, el de Teo con su hijo Héctor y el de Antonio con su amigo  Iñaki, el Terrano de Javier que viene con la familia al completo. Meli, Yaisa y Belén y el Gallo con  Gregorio y Javi.

    Salimos tempranito pues el día como cualquier día de agosto por estos lares amenaza con un calor insoportable.

    Comenzamos la ruta por unas roderas impresionantes y Teo nos comenta que en invierno, con  lluvia, son verdaderas trampas de barro, la verdad es que no tenemos que hacer ningún esfuerzo por creerlo. Poco a poco nos vamos internando en la rambla y vamos sorteando toda clase de zonas técnicas, inclinaciones laterales, grandes rocas, zonas de arena suelta, subidas y bajadas muy cortas pero inclinadísimas, que dan entrada o salida a la rambla, los inclinómetros llegan a medir más de 38º, lo mejor de todo es que al ir por el centro de la rambla, las sensaciones de peligro desaparecen y cada vez te animas a forzar un poco más la máquina.

    En esos momentos llegamos a un paso en el que hay que atravesar un tubo por su interior, pasa Antonio por su parte central perfecto, pasa Teo por el mismo sitio y perfecto también. Gregorio decide buscar las cosquillas al Gallo y empieza a pasar el tubo subido a una de sus paredes. Con una inclinación de más de 40º el Gallo levanta las dos ruedas del  mismo lado, el derecho, se balancea, y afortunadamente se posa sobre el lado bueno. Menos mal¡¡¡

    A todo esto, son las 2 de la tarde y el termómetro marca 49º. Tanto el recorrido, como el tremendo calor,  nos hacen recordar algunas etapas marroquís, en las hemos remontado oueds secos y es que Murcia con Almería nada tienen que envidiar a otros desiertos.

    Decidimos buscar una sombra donde comer y en cuanto nuestras viandas hacen acto de presencia, miles de moscas acuden a visitarnos. Se posan sobre todos los alimentos dando muestras de la legendaria pesadez de estos animalillos, el éxtasis viene cuando a los postres sacamos el orujo y se dan un atracón con él, como están todas medio pedo con el orujo nos dejan en paz y la comida se alarga, como siempre que se está a gusto, con la compañía.

    Reanudamos la marcha con la misma tónica, cruces de puentes, rocas y más rocas pasos por donde los copilotos te tienen que marcar la pisada milimétricamente o no pasas.

    Decidimos hacer una parte del recorrido denominada extrema, pero nos resulta imposible encontrar el camino de bajada a la rambla, así que optamos por hacerlo a la inversa. Lo que hacemos sin mayores problemas, ya que durante el día nos hemos ido acostumbrando a pasar por las dificultades con toda normalidad y esta zona no nos parece especialmente delicada, excepto un paso en V con tierra muy suelta, donde deben apoyar los neumáticos y como vamos servidos de emociones fuertes durante todo el dia , esta V nos la saltamos.

    Una vez acabada esta zona, de lo más interesante, retomamos el rutómetro y la última parte de la ruta es de lo mejor, baste con decir que la salida de la rambla a la carretera donde se acababa la ruta nos llevó más de media hora y era una “cuestecilla” de no más de 30 metros, pero eso sí, con de todo, empinada, con un árbol casi en medio, al otro lado un escalón, mas adelante tierra suelta, en fin con muy mala leche. Y que nos obligó a tener que tirar de winche, pero la verdad es que fue la guinda del día.

    Habíamos tardado unas ocho horas en recorrer los 46 kilómetros de la ruta. Todos estábamos cansados, pero más que satisfechos y es que es una de las rutas más bonitas que hallamos hecho.

    Felicitar a Teo por proponer esta opción, por un rutómetro casi perfecto y al resto de los compañeros que nos hicieron pasar un día inolvidable.

P.D.

    Esta ruta tenemos que repetirla en invierno. La zona de las roderas y otras zonas técnicas con las piedras mojadas pueden tener un atractivo muy especial.

 

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