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BOSQUES DE CUENCA Y SIERRA DEL AGUA

Es ya una de las rutas de fin de semana clásica de Natura convocada por Carlos Mexcar. Teníamos la intención de sacarnos la espina de la última edición que nos dejó a pocos kilómetros del inicio poco menos que sepultados entre nieve y barro.

La ruta parte de Cuenca y participan Poti, Gabriel, Pepe Navara, Enrique, Pedro, Carlos, Rosa y Roger y Gregorio, con sus respectivas familias. Nos dividimos en dos grupos y comenzamos la ruta del sábado. Una trialera en subida que desemboca en una zona en la que abundan rocas como las de la Ciudad Encantada, unas fotos y al coche pues prácticamente no ha dejado de llover en todo el día. 

Comenzamos a encontrarnos con la típica zona de roderas de este lugar, este año, si cabe, más profundas que nunca. Las vamos salvando pero el piso empieza a enseñarnos los dientes y los coches en ocasiones avanzan 30 o 40 m totalmente cruzados, el eje delantero en la rodera de la derecha y el eje trasero en el de la izquierda, sin que los conductores puedan hacer nada por evitarlo. Salvamos algunos pasos realmente complicados, hasta las mud-terrain del Galloper tienen trabajo extra para encontrar donde agarrar. Por fin, llegamos a la poza donde todos los años algún coche se queda atascado. Primero pasa Carlos y debe escarbar de lo lindo, ya que cuando el Galloper lo intenta se encuentra con un escalón frontal que le deja sumergido hasta las estriberas. Tiramos de winch y en unos minutos (luego veremos que fatales) el Galloper está libre.  Otros más prueban la poza, Rosa y Enrique tienen que utilizar los servicios del winch. Algunos consiguen pasarla  por pasos alternativos.

Estamos pensando en comer, pero no para de llover y Carlos nos comenta que conoce un refugio, hacia él nos dirigimos después de vadear el Júcar, sin ningún problema.

Encontramos el refugio y nos juntamos los dos grupos. Enrique prepara un fuego en la chimenea, en pocos minutos y al amor de la lumbre nos despachamos los bocatas regados con un buen vinillo que Poti ha traído en su bota y para postre el orujo de hierbas de Gabriel.

Calientes por dentro y por fuera reanudamos la marcha, son las 5,30 de la tarde, pero el cielo plomizo hace que parezca que ya es de noche.

Me llega el primer aviso de que la poza se ha cobrado su tributo, algo no va bien el transformador del ordenador conectado a la batería del coche deja de funcionar. Me parece raro, pero pienso que se ha averiado, continuamos la marcha y doy las luces; los faros apenas alumbran y las luces de los relojes son muy pálidas. Esto no me gusta nada, pero no hay ningún testigo rojo encendido en el cuadro de mandos. No ha pasado un minuto desde estas reflexiones cuando del reloj de la derecha surge por arte de magia la maldita luz roja que me dice que el alternador no carga la batería. Inmediatamente apago luces, desconecto la emisora y todo lo que pueda consumir un gramo de energía. Se lo comunico al resto del grupo y decidimos que un coche abrirá camino y otro tratará de iluminarme desde atrás, pero en esos momentos estamos en plena trialera de la Barbarija donde es imprescindible ver donde colocas tus ruedas y esto sin luz es imposible. Lo hago como puedo, salimos de la trialera, pasamos el paraje del Escalerón y la luz roja es cada vez más intensa, señal inequívoca de que la batería se está muriendo a chorros y como las cosas siempre pueden ir a peor, de nuevo llueve y el limpiaparabrisas funciona lentamente y lo peor de todo es que cuando lo conecto el coche prácticamente se me cala.

La única referencia que tengo son los dos pilotos borrosos del coche que me precede. Logramos salir hasta la carretera y allí el coche se para del todo, ponemos las pinzas lo arrancamos y lo tenemos unos minutos en carga, saliendo disparados, eso sí, sin luces, sin limpiaparabrisas y además surgen bancos de niebla, una maravilla, cada dos kilómetros hay que parar a repetir la operación, así unos 20 km hasta que llegamos al pueblo 

Todos llevamos móviles pero “naturalmente” ninguno tiene cobertura, buscamos un bar y un teléfono público. Desde allí avisamos a la grúa que tardó como un par de horas en llegar y nos fuimos a cenar a eso de las 23,30 de la noche. Eso sí que estuvo bien, morteruelo, migas, morcilla, huevos fritos con patatas, chorizo, chuletas adornaron nuestra mesa y nuestros estómagos, luego una copa en el bar y a dormir, que la jornada siguiente prometía más aventuras.

RUTA DEL DOMINGO

Amaneció un día espléndido. Me acoplé en el coche de Carlos y nos pusimos en marcha. Roderas y roderas y barro y más barro se iban sucediendo, con algún que otro tirón de eslinga. Llegamos a la cuesta en la que el año anterior hubo que subir a base de winch. Este año, o la subimos por nuestros medios, o no la subimos, ya que nadie en el grupo que hemos quedado lleva este elemento.

Lo intenta Roger, pero cuando está a punto de conseguirlo se queda. Enrique lo intenta por una escapatoria que hay en el lateral y lo consigue y por ese mismo sitio suben los demás para luego desatascar a Roger. La pista continua con la misma tónica, con unos paisajes de ensueño. Ha nevado y abrimos camino sobre nieve virgen, paramos a comer en una pradera con una vista de auténtica postal. Gabriel saca una olla expres, calienta su contenido y nos invita a probar a todos una de sus especialidades, callos con garbanzos, desde luego es un buen fotógrafo y buen  pescador, pero es mejor cocinero, estaban para chuparse los dedos.

Reemprendemos camino sin ningún incidente digno de mención hasta llegar a una trialera en fuerte bajada de primera reductora. Se produce alguna que otra levantada de rueda y algún resbalamiento. Desde aquí vadeamos un riachuelo y damos por terminada la ruta.

Agradecer a todos y cada uno de los participantes vuestra camaradería y pedir disculpas a las señoras y niños que tuvieron que aguantar dos horas en un bar a que viniera la grúa estando todos muy cansados.

Gracias amigos.

 

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